Salud de los enfermos

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Un año más en unas circunstancias complicadas por la pandemia, en nuestro camino evangelizador, continuamos con la Letanía a nuestra Madre y comenzamos el Solemne Triduo de Nuestra Titular María Santísima del Rocío y Lágrimas.

Estos cultos, no podía ser de otra manera, nos evocan a que María es “Salud de los enfermos”. La Santa Iglesia nos propone una Doctora poderosa, la Santísima Virgen María, que nos ayuda y conforta. Ella intercede para adquirir la salud del alma.

Hermosos pensamientos, nos dejó escritos San Bernardo acerca de nuestra Madre para conseguir la salud del alma: “Si te agita la soberbia, la ambición o la incomprensión, mira a María. En el peligro, en la angustia, en la ansiedad, piensa en María. Si te turba la memoria de la enormidad de tus faltas, de la fealdad de tu conciencia y comienzas a sumergirte en la tristeza, en la desesperación,invoca a María.”

María nos tiende sus manos maternales cuando caemos, cuando dudamos, cuando tememos. Es medicina, salud, receta para el alma. Vela por sus hijos enfermos de día y de noche, sin mostrar cansancio, nos procura alivio y se sacrifica para curarnos, movida por el gran amor maternal que Dios puso en su corazón Inmaculado. Ella hace sentir al enfermo la función  benéfica del dolor que lo hace más semejante a su Hijo crucificado. Si el enfermo está en pecado y cercano a la muerte, Ella intercede y le ampara, recordando las palabras de su Hijo Amado: “No quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva”.

En estos días, también celebramos la festividad del Custodio de Córdoba, el Arcángel San Rafael.

Es el ángel al que se invoca en las enfermedades para que interceda ante Dios.  Su nombre significa “Medicina de Dios”, lo cual muestra cual es la misión que nuestro Creador le encargó en la Historia de la Salvación. La Iglesia lo considera un ángel  al que podemos recurrir para solicitar su intersección ante la enfermedad por la ayuda que prestó, en el Antiguo Testamento, a Tobías, curando su ceguera e intercediendo por él ante Dios.

La historia cuenta que es custodio de Córdoba desde que en la edad Media, una epidemia de peste asoló Europa, y en una de las apariciones al padre Andrés Roelas, el Arcángel jura haber sido designado por el Altísimo como Custodio de la Ciudad:

“Yo te juro por Jesucristo Crucificado que soy Rafael, a quien Dios tiene puesto por guardián de esta Ciudad”.

Elena Jiménez Farell – Diputada de Liturgia

Jesús Campos Villalón – Diputado de Cultos

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