El altar de Cultos, por Jesús Campos Villalón

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Hace algunos días, nuestra Hermandad disfrutaba del Triduo en Honor a María Santísima de Rocío y Lágrimas, culminando como es habitual, con la Fiesta de Regla en su Honor y donde una vez más, los hermanos que cumplían 25 años en Hermandad, han visto recompensado ese tiempo de constancia y compromiso, con un simbólico diploma que así lo testiguaba.

Siendo los Cultos junto a la Estación de Penitencia, uno de los momentos más importantes que disfruta una Hermandad, la vocalía que ocupa este cargo, y desde hace algunos años ya, no se ha querido mostrar indiferente frente a sus hermanos, pues además de expresar con flores y velas una alabanza a María y la Fe que profesamos hacia Ella, siempre ha tratado de alcanzar un sentido más evangelizador.

Los Cultos a nuestra Titular Mariana deben llevarnos a tener una relación más cercana a Dios, y hacernos comprender, que María es el mejor camino para llegar a Él y que debe ser el Espejo donde nos debemos mirar para llevar una vida ejemplar, como Cristianos y en consecuencia como buenos hermanos Cofrades.

En el altar del Triduo de este año hemos utilizado cuatro espejos (cornucopias), que aparte de ofrecer una imagen decorativa, hacían alusión a una de las letanías del Rosario, “Espejo de Justicia”. Las letanías son plegarias en forma de cortas advocaciones en honor a Dios, de la Virgen o de los Santos y son ricas en contenido bíblico, doctrinal y espiritual, pero en ocasiones se nos escapa por el desconocimiento del significado de las mismas.

“Espejo de Justicia”, Speculum Iustitiae, es una invocación de la Letanía Lauretana. Lo primero que debemos tener en cuenta es que aquí la palabra justicia no se refiere a la legalidad, sino que hay que entenderla desde el lenguaje de la iglesia como perfección moral, de tal manera que podemos decir que el sentido de la palabra justicia es equivalente al de la palabra SANTIDAD. Entonces, cuando la invocamos como Espejo de Justicia queremos expresar que en Ella se refleja la Santidad Divina, es decir, la perfección.

En la encíclica Redemptoris Mater hallamos esta expresiva afirmación acerca de la Virgen: “Entre todos los creyentes es como un espejo, donde se reflejan las maravillas de Dios”. Por todo esto hemos utilizado el espejo como el objeto que nos sirve como símbolo, para mostrar a María como el reflejo de Nuestro Señor que es la Santidad infinita.

Jesús Campos Villalón. Diputado de Cultos

 

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